domingo, 29 de enero de 2017

¿Por qué no oímos los latidos de nuestro corazón?.

Bueno, mejor ¿por qué no oímos constantemente los latidos de nuestro corazón? El no deja de bombear ¿cierto? Al menos hasta que se pare definitivamente. Glups.
Si acercamos la oreja al pecho de otra persona podremos oír su corazón. En cambio no podemos oír el nuestro. ¿Cómo es eso?
En realidad, nuestro sistema auditivo sí que detecta los latidos, pero los silencia, los ningunea. Simplemente por salud mental, para evitar que la persistencia del sonido machacón nos vuelva locos. Y también para evitar que el sonido interfiera con nuestra percepción del mundo exterior.
El músculo cardíaco ya palpita en el feto cuando se forma el cerebro y bombea unas 100.000 veces al día. ¿Te imaginas la tortura auditiva? Así que el cerebro simplemente apaga ese sonido. Ni caso.
Ahora bien, solemos ser conscientes del latido en ciertas situaciones: sobreesfuerzo físico, tensión, miedo, ansiedad… Situaciones que al cerebro no le interesa silenciar, que se deben poner en relieve, de las que se ha de ser plenamente consciente.
¿Y cómo hace el cerebro para silenciar los latidos?
Una región neuronal llamada corteza insular se encarga de interceptar las sensaciones que considera un estorbo. Entre ellas el latido de nuestro corazón.
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